La cosa empezó algunos años antes del COVID, cerca del 2015, cuando El Restaurante El Albero de Paracuellos del Jarama decidió organizar la 1ª edición de sus Cenas Maridaje. ¡Y ya van por la 28º Edición!. Tan sencillo cómo dejarse llevar, uniendo platos tradicionales de una cocina renovada y honesta con vinos españoles de diferentes Denominaciones de Origen.

Cada cena transcurre en un ambiente desenfadado a lo largo de 5 pases a la luz que brinda un espacio cálido que arropa los tercios. Son cerca de 3 horas de pases armónicos; mar y montaña con la partitura de de un enólogo de cabecera, que proyecta las sensaciones de cada Vino.

Como siempre no faltaron el magnífico photocall en los preliminares para los diferentes grupos, a modo de instantánea. A veces las instantáneas son un salvavidas del recuerdo. Los sorteos de final de cena con regalos cedidos por las bodegas y detalles del restaurante entre todos los asistentes bajo un halo de música de jazz.

Arrancamos esta vez con un ruedo de ibéricos y quesos nacionales embalsamados por el Petit Verdot 2022 de Pago del Vicario; un rosado que juega a ser tinto. Hay mucha jugosidad, sorprende su tono intenso y resulta crujiente en boca bajo un crisol de aromas silvestres que no dejó a nadie indiferente.

Seguimos con la ensaladilla rusa de piparras y rabanitos con regañas que se deshacía en boca. Ayudó también el Tempranillo Blanco 2022 de Bodegas Paco García. Huésped longevo de una Rioja que lucha por alzar sus blancos a célebres por encima del oropel de tintos. Blanco de sustancia y albinismo, descubierto por 1ªvez en la mutación de una cepa de tempranillo tinto, allá por 1988 en un viñedo viejo, de Murillo del Río Leza en La Rioja. 

Y llegaron los boquerones del Jarama; Santo y seña de la casa desde los inicios. Y ahora enarbolados por el Chardonnay sobre lías 2022 del Pago Finca Élez del término de El Bonillo (Albacete). Tierra de uno de los sabinares mejor conservados de España en un entorno de gran valor natural. El chardonnay es una uva generosa que habla mucho de la tierra dónde se cultiva. Nítidos aromas de frutas blancas maduras, alguna nota de fruta exótica con un paso amplio, graso y persistente en su recorrido en boca.

¡Que nunca nos falten los Huevos!. Si las gallinas pusieran un huevo al mes en vez de uno al día, muy seguramente su precio sería el mismo que el caviar. Si le añades patatas en gajos cocidas previamente y fritas con gambas rojas y su salsa, el plato se vuelve excelso. Solo es preciso respetar tal liturgia de matices acompañándola de La Poda Mencía 2020 de Bodegas La Poda (Valdeorras). A veces los platos más sencillos se elevan sobremanera en una fusión y extensión a la que el Vino debe acompañar. Destacaban las notas de frutillos negros silvestres, recuerdos balsámicos sobre un fondo muy claro de cacao. Rico, rico…..; este quite fue uno de los grandes aciertos de la noche.

Seguimos con el famoso rabo de toro deshuesado con puré de patatas con guiños de tauromaquia. A puerta gayola un magnífico Monastrell 2020 de Altos de Luzón (Jumilla) pleno de robustez, aterciopelado en sus taninos y pleno de aromas a fruta negra madura. Cabría de todo; ciruelas, zarzamoras, regalices, brevas y un punto goloso que encandiló a todos los presentes.

Y como cierre el brownie con helado de vainilla y chocolate crujiente acompañado de cafés & infusiones por parte de la casa. Decía Brillat Savarin que “Entretener a un invitado es responder a su felicidad el tiempo que esté bajo tu techo” (FIsiologia del gusto, 1825). Pues ese discurso encaja perfectamente en cómo se sienten aquellos que deciden confiar en sus manos año tras año. Hasta pronto