“Tailandia está infravalorada”. La periodista y editora Wariya Intreyonk conoce al dedillo la escena del bar en el país. En estos días Bangkok anda revolucionada con la próxima lista de los Asia’s 50 Best Restaurants y son muchos los bares que aprovechan la semana para presentar nuevas cartas, recibir guest shifts o dejarse ver en eventos repartidos por toda la ciudad. “El servicio y la hospitalidad de Tailandia es altísimo”, comenta mientras saluda a varios bartenders reunidos en un evento en el hotel Rosewood.
No le falta razón. Ciudades como Hong Kong, Singapur o Tokio suelen eclipsar las listas de mejores bares, mientras que Bangkok parece quedar erróneamente en un segundo plano en la mente del consumidor. Sin embargo, el palmarés de la capital tailandesa no ha hecho más que crecer en los últimos años con la presencia de siete bares en los Asia’s 50 Best Bars 2025, entre otros reconocimientos. El porqué tiene más que ver con los presupuestos de promoción y relaciones públicas que con la falta de talento.
Bangkok se ha convertido en un place to be para beber, comer y salir por la noche. Clubs, restaurantes y bares abren cada semana atrayendo a un turismo ansioso por experimentar su vibrante vida nocturna. Es el llamado soft power tailandés y la industria del bar tiene mucho que ver.
Una ciudad que obliga a planificar
La primera advertencia: Bangkok es enorme. Con casi 12 millones de habitantes, no existe un centro claro sino barrios que se van transformando y poniendo de moda a un ritmo frenético. Bang Rak es una de las zonas que acoge a un buen puñado de bares importantes como Vesper, archipremiado y con una larga lista de espera cada noche. En la puerta, el host explica con paciencia a los clientes que deben apuntarse en una app y esperar la llamada. Un problema (bendito sea, pensarán algunos) que le ocurre también a otros bares como Bar Us. Segunda advertencia: la improvisación no tiene cabida. A los bares hay que ir con agenda.
Dentro de Vesper, la noche se vuelve acogedora con mesas bajas, ambiente elegante y una carta en la que el coctel de la casa se puede pedir (si se conoce la diferencia) de tres maneras, shaken, stirred o poured.
Clásicos con sabor thai
En el barrio de Watthana, colmado de restaurantes y presencia de expats, el Dry Wave Cocktail Studio (#5 “Highest New Entry” en Asia y #1 Best Bar in Thailand en el Bangkok Bar Show) se ha convertido en un must de la noche de Bangkok. Con un equipo que marca la diferencia, Parom Leo recibe a los clientes en un espacio con una barra central donde compartir conversación.


En su último menú, Super Classic Interference, el fundador Palm Supawit ha creado 17 tragos que combinan dos clásicos para convertirse en un tercero. El acierto es total, desde el Casoni Martini interferido por un Negroni y un Espresso Martini, hasta el popular Pornstar Martini que se cruza con un Old Fashioned para crear el delicioso Black and Gold. Minimalismo, sabores pulidos y un servicio excelente le convierten en una visita obligada.
Bares imprescindibles en Bangkok
Cerca de la vibrante y fotogénica Chinatown se encuentra otro de los bares que sufre colas a la puerta. Opium, cuyo palmarés de premios ocuparía fácilmente un par de líneas de este texto, es el bar del restaurante estrellado (y también visita obligatoria) Potong.
Entre guest y guest, lo ideal es acercarse en horas poco concurridas para probar algunas de sus mezclas más celebradas como su versión del Penicillin, el Juxtaposed, el codiciado Monsoon Martini o el Fifth Moon, especialmente agradable en su terraza. Conviene no dejar pasar la oportunidad de probar los platillos de la cocina, como los espectaculares red oil Young Wonton, que pueden eclipsar a los cócteles.
A pocos metros y ya en la calle, La Copita propone un ambiente muy distinto a ritmo latino. Este pequeño bar dedicado a los destilados mexicanos sigue la estela de lugares como Montana en Hong Kong y se ha convertido en refugio habitual de bartenders que se acercan después de tras terminar su turno.
En sus recomendaciones antes de reservar, Bar Us recuerda educadamente tener en cuenta el terrorífico tráfico de Bangkok, aunque eso no parece frenar a quienes esperan desde las 17h para entrar. Su autodefinido “drinking room” atrae a parejas que no sueltan el móvil, encandiladas por este bar (#4 Asia’s 50 Best Bars 2025, Best Bar in Thailand, #15 World’s 50 Best Bars 2025) minimalista, cuya estética lleva la marca de sus fundadores Taln y Aum, con experiencia en dirección de arte.


La carta se organiza en los diferentes momentos del día y combina los clásicos con sabores asiáticos. Con uno de los tickets más altos de la ciudad (480–590 baht, unos 13€ en adelante), el servicio explica con paciencia cada cóctel (e incluso ofrece muestras de los cócteles) con ingredientes como vetiver, miso, tabaco o la cebolla del sorprendente Beef and Onion. Sin excesos y haciendo gala de sabores muy pulidos, destacan el Last Word con hoja de higuera o un adictivo Bee’s Knees.
Los hoteles siguen mandando
No hay hotel que se precie que no pelee por tener su bar entre los mejores. El Bamboo Bar en el lujoso Mandarin Oriental recibe cada noche y desde los años 50, a un público selecto que disfruta de jazz en directo. Chanel Adams, como bar manager, defiende una carta de clásicos con toque thai como el Siam’s Last Wordy o el Mango Sticky Rice. Cócteles bien ejecutados que confirman su posición como imprescindible, aunque su fama de templo del clásico puede eclipsar propuestas algo más arriesgadas como estupendo Hoa Dang Festival, inspirado en Vietnam.
Algo similar ocurre en Bar Sathorn, situado en uno de los barrios más turísticos y cool de Bangkok, con precios algo más elevados (entre 16 y 18 €) y un corte clásico. Otro de los American bar imprescindibles de Bangkok es el infalible St. Regis, al cargo de Brian González, quien saca adelante un menú pensado para todo tipo de paladares y con una sección especial al Bloody Mary, cóctel de la casa.
Bar como refugios
No es fácil de encontrar pero XIM, con pocos meses de vida, es uno de esos bares a los que se llega por recomendación. Pequeño, con buena música y un equipo —Micky, Ton, Meun y Tum— que le da una vuelta a los ingredientes de siempre con combinaciones e ingredientes poco convencionales. El Eat Vs. West con BBQ tepache, Time con espuma de pesto o Termite Mushroom, un cóctel con consomé de setas.
Otro punto imprescindible es Ku Bar, un precioso speakeasy en el interior de un edificio. Con una larga mesa de mármol, luces muy tenues, maderas oscuras y una playlist muy bien diseñada, su dueño Anupas “Kong” Premanuwat, ha creado un espacio que tiene mucho de templo, pensado para bebedores introvertidos que disfrutan de un quiet drink sin distracciones.

No hay botellas en los estantes ni ruido visual, solo una carta de sabores sin complicaciones y equilibrados donde el dulce —tan habitual en el paladar tailandés— se mantiene a ras. Sin duda, el cóctel estrella es el Dirty Fizz, a base de ginebra , lima, soda, salmuera de aceitunas y pepinillos ahumados. El toque salino y la burbuja es un matrimonio excelente al igual que el Corn, con hoja de bamboo y mezcal.
El proyecto sigue creciendo: el experimento con vinos y kombuchas de Bad Water, abierto hace pocas semanas, repite en gran medida fórmula visual con un espacio solemne e íntimo que atrae a los más hipsters de la ciudad.
Otro peso pesado es Find The Locked Room, uno de los primeros speakeasy de la ciudad y que ha sabido mantener el nivel desde su apertura en 2018. Su menú Time Capsule juega con referencias de moda, juguetes y música de las décadas de los 60 a los 90, lo que sin duda ayuda a generar conversaciones. Entre los esenciales están el Flower Power, Iconic, Storm the Sea o Mushroom Kingdom que conviven con una carta de bocados – bbq pork bun o jelly fish con aceite de sésamo – que completa la experiencia.


Cuando la sostenibilidad entra en la coctelera
Como suele ocurrir, los proyectos de coctelería basados en reutilización de ingredientes no siempre resultan seductores a primera vista. Aun así, Kitibordee y Dharath han decidido apostar por ello sin complejos en Wasteland, un bar que convierte el desperdicio en materia prima.
Su carta World-Wild-Waste, se organiza en tres secciones y explora ingredientes poco habituales: desde subproductos de la industria alimentaria hasta insectos. Entre los más llamativos está Ant-idote, que incorpora huevos y hormiga reina. Otros, como Fossil Fuel, recuperan caparazones de cangrejo y espinas de pescado para construir un trago salino y profundo. En Field Trip aparece un falso amazake elaborado con subproductos de vino de arroz.


La carta incluye además un servicio de degustación con versiones más pequeñas de los cócteles, pensado para quienes quieren probar varias creaciones o beber con moderación. El proyecto seguirá creciendo ya que en la tercera planta planean abrir un espacio para talleres.
También sin alcohol
Para quienes prefieren beber sin alcohol, Bar Stainless ofrece una alternativa que merece varias visitas. El bar —que pronto cambiará de ubicación— propone un menú completamente 0,0 %, con vinos, cervezas y té sin alcohol. El resultado es inmejorable con tragos complejos y bien construidos como el Earthy a base de nectar de agave, cold pressed de remolacha y jengibre y rábanos encurtidos o Metal, con Pale Ale, vinagre de manzana y fresa entre otras opciones que pretenden cautivar a un público que tiene que elegir entre un sinfín de bares.
La ciudad de Bangkok está logrando forjar una personalidad propia en la coctelería asiática, divertida, más cercana y con un servicio diferenciado que hacen imposible seguir ignorándola.








