El acento de Brian navega entre el deje canario y el inglés. Vestido con el elegante uniforme del St. Regis me recibe en el hall del bar. Desde la planta 12, las vistas a la ciudad de Bangkok impresionan como cabría esperar de un hotel cinco estrellas.
Desde el mes de abril Brian Gonzalez es el bar manager del St. Regis, uno de los american bar más relevantes de la capital tailandesa. Desde hace meses ha trabajado en Portraits of Manhattan, la nueva carta del hotel que “rinde homenaje a la ciudad de Nueva York donde se construyó el primer hotel de la casa. Es una vuelta a los orígenes” explica. “Hemos cambiado el guión pero respetando el corazón del Regis”.


Los 8 cócteles signature mantienen la estructura de los clásicos a los que Bryan da una vuelta de tuerca para abarcar todo tipo de paladares. En esta nueva carta también hay un apartado especial dedicado al Bloody Mary, el cóctel insignia del St. Regis desde 1934. La tarea de Brian consiste en mantener el altísimo nivel que exige el sello sobre todo en Bangkok, que vive uno de los mejores momentos como atracción culinaria. “Bangkok es el presente de la coctelería asiática” defiende, “La ciudad ya está en un nivel muy alto”.
González ha pasado por Londres y Madrid, donde aprendió entre otros de Eme Otero, otro conocido de la industria española. De su paso por la capital española deja su guiño al Bloody Mary de la coctelería Santamaría, y además ha incluido algunos vinos de su tierra casi imposibles de encontrar en otro lugar.


Para hacer frente a un cliente tan plural como el de St. Regis, Brian apuesta por una carta que contenta a habituales, locales y nuevos. Cada cóctel representa un momento y un lugar de Nueva York. Así, The Major of Strawberry Fields, con Central Park como telón de fondo recrea los años de peace&love “con base de tequila y soda de jazmín y rosa, flor de saúco y un bitter de hoja de shiso”. El garnish de fresa termina de redondear una propuesta pensada para el aplastante calor de Bangkok.
En esa misma línea de frescura, el Sakura at Gran Central plantea un viaje emocional. “¿Qué tienen en común las personas al iniciar un viaje? Las mariposas de empezarlo” como se refleja en la presentación. La mezcla incluye ginebra, fino —uno de los vinos que suele incorporar—, sakura y una soda casera de guayaba.
La Quinta Avenida aparece reinterpretada en una versión del Clover Club, con base de vodka, umeshu y sirope de frambuesa. “Este es el que más le gusta a la gente”, reconoce. Entre los guiños personales de Brian destaca The Orchard Cobbler, donde introduce oloroso y hoja de higuera. “En Canarias tenemos muchos higos y desde pequeño los he recogido. Es un sabor y un fruto que siempre me ha acompañado”, explica.
El Bloody Mary de la casa (Siam Mary 2.0) no olvida el toque thai —con base de vodka, kaffir lime y lemongrass, además de un spicy mix con soja, Maggi, tamarindo y sriracha— buscando conectar con el entorno local y con un resultado estupendo que invita a repetir sin agotar.


La ruptura llega con The East Village Sketch, el cóctel más díscolo del menú (y un must de la nueva propuesta) porque “este no tiene una estructura clásica”. Notas lácticas con mezcal, chile poblano, tomate clarificado, aceite de oliva y queso de cabra componen un trago intenso y complejo y pensado para quienes ya tienen el paladar acostumbrado a los grandes clásicos.


Por delante, la agenda de Brian está plagada de eventos, guest shifts y una larga lista de apariciones. Su propuesta encarna el clasicismo de un gran hotel en el exigente y competitivo contexto de la capital tailandesa: una forma de tender puentes entre Europa y Asia, entre la tradición hotelera y una escena en plena efervescencia. La ciudad de Bangkok ha consolidado una identidad propia en torno a la barra y gracias a la combinación de talento internacional, producto local y un público cada vez más curioso, se ha convertido en uno de los epicentros de la coctelería contemporánea, con el Regis como un imprescindible.








