El regreso a las aulas recupera horarios, rutinas y comedores escolares, pero también algunas preocupaciones que se repiten cada curso en las familias de niños con celiaquía. Porque poner “menú sin gluten” no lo resuelve todo. Importa cómo se ha preparado el plato, dónde se ha guardado o qué utensilios se han empleado. Incluso una simple miga puede hacer que esa comida deje de ser segura.
Para facilitar las cosas, Celicidad acaba de actualizar La Celiaquía en el cole, una guía gratuita dirigida a profesores y al resto del personal de los centros educativos. Ya va por su novena edición y las anteriores suman más de 70.000 descargas. No es un dato menor: muchas familias siguen encontrándose con dudas y errores que, en el caso de la celiaquía, pueden tener consecuencias para la salud.
El documento comienza por lo esencial: explica qué es la celiaquía, en qué alimentos puede encontrarse el gluten y cómo debe seguirse la dieta. Después entra en cuestiones muy concretas del día a día escolar, como la clasificación de los alimentos de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) o las medidas necesarias para evitar el contacto cruzado.
Una miga también importa
La celiaquía es una enfermedad autoinmune, no una preferencia alimentaria ni una dieta que pueda seguirse con mayor o menor flexibilidad. Actualmente, el único tratamiento eficaz consiste en eliminar el gluten de forma estricta y durante toda la vida.
Un plato elaborado con ingredientes aptos puede dejar de serlo si entra en contacto con pan, harina, cubiertos, tablas, tostadoras o superficies utilizadas previamente con alimentos que contienen gluten. En un comedor escolar, algo tan sencillo como que caigan unas migas sobre la comida de un niño con celiaquía obliga a retirarla.
El riesgo, además, no siempre resulta evidente. Un menor puede no presentar síntomas inmediatos después de una ingesta accidental y, aun así, producirse una respuesta inmunológica y daño intestinal. La ausencia de molestias visibles no significa que una pequeña cantidad de gluten sea inofensiva.
“Existe mucha desinformación y mucho mito sobre la enfermedad celíaca”, señala Lorena Pérez, dietista especializada en celiaquía y directora de Celicidad. Por eso considera importante que el personal de los colegios conozca no solo los alimentos que deben evitarse, sino también la manera correcta de manipular y servir aquellos que sí son aptos.
Mucho más que el menú escolar
El comedor concentra buena parte de la atención, pero la convivencia con la celiaquía en el colegio va bastante más allá. Cumpleaños, desayunos, talleres de cocina, excursiones, campamentos o premios en forma de golosinas pueden terminar dejando al niño al margen cuando no se ha previsto una alternativa segura.
La guía también se detiene en este aspecto. Contar con una opción sin gluten no debería significar entregar al menor algo diferente a última hora mientras sus compañeros comparten otra comida. Con un poco de previsión es posible adaptar estas actividades para que participe con normalidad y sin asumir riesgos.

Los propios alumnos pueden ayudar si reciben una explicación sencilla y adecuada para su edad. Saber que no deben intercambiar alimentos, tocar el plato de su compañero con pan o utilizar sus cubiertos ayuda a evitar accidentes y permite entender la situación sin convertirla en algo extraño.
¿Qué deben ofrecer los comedores escolares?
La legislación española establece que los centros con alumnado que necesite una alimentación especial, acreditada mediante el correspondiente informe médico, deben ofrecer menús alternativos adaptados y con características nutricionales similares a las del menú ordinario.
Si las instalaciones no permiten preparar la comida con las garantías necesarias, el centro debe facilitar los medios adecuados para conservar y calentar el menú aportado por la familia. La información sobre los alimentos y productos utilizados también tiene que estar a disposición de los padres o tutores.
Aun así, la norma no sustituye a la comunicación diaria. Desde Celicidad recomiendan que las familias hablen directamente con profesores, responsables del comedor y cuidadores, especialmente al comienzo del curso. Aclarar desde el primer momento cómo debe actuar el centro resulta mucho más sencillo que resolver una incidencia cuando ya se ha producido.
El objetivo no es convertir la vida escolar en una sucesión de prohibiciones, sino incorporar unas pautas que permitan al niño comer, celebrar y participar como uno más. En este caso, la formación del personal y la colaboración con las familias son tan importantes como el propio menú.
La novena edición de La Celiaquía en el cole puede descargarse gratuitamente desde la página web de Celicidad.








