Hay momentos del año en los que un viñedo deja de ser únicamente paisaje. La vendimia es uno de ellos. Durante unos días, las cepas, las cajas de uva, las manos de los vendimiadores y la actividad de la bodega forman parte de una misma escena. Es entonces cuando empieza a tomar forma una nueva añada y también cuando mejor se comprende todo lo que existe detrás de una botella de vino.
El próximo 4 de septiembre, Bodegas Martín Códax permitirá acercarse a ese momento desde dentro con Vendima Atlántica, una jornada pensada para participar en la recogida de la uva y conocer cómo se vive la vendimia del albariño en el lugar donde sucede.
La propuesta inaugura Martín Códax Vineyard Club, el nuevo espacio enoturístico de la bodega en la finca Pé Redondo, en pleno Val do Salnés. No será una visita al uso ni una cata desligada del paisaje. La idea es recorrer el viñedo, descubrir el trabajo que se realiza durante estas semanas y participar en una pequeña vendimia antes de disfrutar de los vinos nacidos en la propia finca.
Pé Redondo, mucho más que un viñedo
Pé Redondo ocupa un lugar singular dentro del proyecto de Martín Códax. Desde 2002, la finca funciona como viñedo de investigación y como una especie de laboratorio al aire libre dedicado al presente y al futuro de la viticultura atlántica.
En sus parcelas se estudian diferentes sistemas de conducción de la vid, nuevas formas de cultivo, variedades resistentes a determinadas enfermedades y posibles respuestas frente al cambio climático. Parte de estos trabajos se lleva a cabo en colaboración con universidades, centros de investigación y otras bodegas españolas.

Durante años fue un espacio esencialmente técnico, reservado a viticultores e investigadores. Su apertura al público permite ahora conocer una parte del vino que no siempre se muestra durante las visitas enoturísticas. Porque el vino no comienza en la sala de barricas ni en la mesa de cata, sino mucho antes, en el suelo y en las decisiones que se toman cada día en el viñedo.
Pé Redondo permite mirar al mismo tiempo hacia dos direcciones. Por una parte, mantiene el vínculo con la viticultura tradicional del Val do Salnés; por otra, busca nuevas soluciones para proteger el cultivo del albariño ante los desafíos que marcarán las próximas décadas.
La vendimia que dicta el Atlántico
En las Rías Baixas la fecha de la vendimia nunca está escrita de antemano. Todo depende de cómo hayan evolucionado las uvas y, sobre todo, de lo que decida el tiempo en esos últimos días. Si se anuncian lluvias, puede ser necesario adelantar la recogida; si el cielo da una tregua, los racimos pueden permanecer algo más en la cepa. Los viticultores prueban las uvas, observan su maduración y recorren las parcelas antes de decidir cuándo ha llegado el momento. En una tierra tan cercana al mar, cada cosecha obliga a interpretar de nuevo el viñedo.
Ese equilibrio entre madurez y frescura resulta especialmente importante en el albariño. Su acidez, sus aromas y esa expresión reconociblemente atlántica de los vinos de la zona se gestan, en buena medida, durante las últimas semanas que la uva permanece en la cepa.
El sistema de emparrado, tan característico de las Rías Baixas, también cuenta parte de esta historia. Al elevar los racimos, favorece su ventilación y los aleja de la humedad del suelo. Es una solución tradicional estrechamente relacionada con las condiciones climáticas gallegas. Tradición e investigación no aparecen aquí como ideas enfrentadas, sino como dos maneras complementarias de comprender y cuidar mejor la viña.
Tijeras de vendimia y una copa al atardecer
Vendima Atlántica comenzará a las 18:30 horas con la recepción de los participantes en Pé Redondo. Cada uno recibirá un pequeño equipo con lo necesario para iniciar el recorrido por la finca y participar después en la recogida de la uva.
La experiencia continuará en el Vineyard Club con una barbacoa en formato self-service y una selección de cuatro vinos elaborados con uvas procedentes del propio viñedo. Una sesión de DJ en vinilo acompañará la última parte de la tarde, que se prolongará hasta las 21:30 horas para disfrutar del atardecer sobre el paisaje del Salnés.
La combinación puede parecer informal —tijeras, cajas, brasas, vino y música—, pero encaja con una forma diferente de entender el enoturismo. Frente a las visitas en las que el público se limita a escuchar y observar, aquí se propone entrar en contacto con lo que está ocurriendo realmente en la finca.
No se trata, por supuesto, de sustituir el trabajo de los vendimiadores ni de convertir la cosecha en un decorado. El interés está en poder comprender, aunque sea durante unas horas, por qué la vendimia genera tanta expectación en una bodega y cuánto depende una añada de decisiones que se toman parcela a parcela.
Un nuevo club alrededor del viñedo
Vendima Atlántica será el punto de partida de una programación más amplia. Martín Códax Vineyard Club nace con la intención de organizar experiencias relacionadas con el vino, la gastronomía, el paisaje y la cultura atlántica, adaptándolas a los diferentes momentos del año.
Durante septiembre, el protagonismo recaerá inevitablemente en la vendimia. Más adelante llegarán otros ciclos y actividades, con una programación inicialmente disponible de jueves a sábado. Pé Redondo se convierte así en algo más que una finca abierta a las visitas: aspira a funcionar como un lugar de encuentro alrededor del viñedo.
Esta evolución responde también a una nueva manera de viajar por los territorios del vino. Cada vez interesa menos acumular catas apresuradas y más entender qué distingue a una parcela, cómo trabajan sus viticultores, de qué manera influye el clima y por qué un vino se conoce mejor cuando se ha recorrido el paisaje del que procede.
En este contexto, abrir un viñedo experimental resulta especialmente interesante. Pé Redondo no muestra únicamente cómo se cultiva hoy el albariño, sino que permite asomarse a la forma en la que podría cultivarse en el futuro.
Venta de entradas:
Las entradas se pueden comprar en la web: https://osxovesdecodax.ticketrona.com
La celebración de la actividad estará condicionada por la meteorología, un último recordatorio de que, en las Rías Baixas, es siempre el Atlántico quien tiene la última palabra.






