Para sorpresa de muchos el Blue Elephant es un restaurante amarillo pálido. A la puerta del icónico edificio colonial, Susie, la directora ejecutiva me recibe con una sonrisa por la que son tan conocidos los tailandeses. Es mediodía y en Bangkok el calor empieza a apretar a finales de enero lo que no impide que los cocineros y proveedores lleven ya unas cuantas horas de trabajo.
En su interior se esconde uno de los restaurantes más emblemáticos de la capital tailandesa con la chef Nooror Somany al frente desde 1974. Nooror es enérgica y sonriente. Viste un pañuelo con lentejuelas y unas gafas de diseño que enmascaran su timidez. Le gustan los colores vibrantes, al igual que su reconocida cocina. Esta mañana está diseñando un menú para uno de los muchos eventos que tiene en su agenda mientras que al mismo tiempo revisa el curry rojo de la cocina, saluda a su afanado equipo, organiza las clases de la escuela y gestiona además, su propia marca de comida que ya exporta a 33 países en todo el mundo.


“Nací en el curry” dice con su tímida sonrisa. “Mi madre es experta en curry. Cuando tenía 9 años, mi madre me dijo que si no era capaz de hacer curry no sería capaz de alimentar a mi familia” explica con voz aniñada.
Su trabajo le ha llevado por medio mundo, además de construir un larguísimo palmarés de premios y reconocimientos. Su historia empieza a finales de los setenta, cuando el Blue Elephant aterrizaba en Europa por primera vez con sabores e ingredientes exotizados y desconocidos para una inmensa mayoria. También era exótica y desconocida Nooror, quien tuvo que hacerse un hueco en las cocinas junto a uno de sus mejores amigos, Emilio Carcur, figura emblemática de la hostelería madrileña. “Viví en Bruselas y en Venezuela y no había mujeres en las cocinas. En aquellos años no se respetaba a la mujer, pero como tailandesa, la cocina aquí se hace por mujeres trabajadoras”


De mujeres trabajadores Nooror está rodeada constantemente. Su equipo más cercano y las cocineras de la escuela enseñan a cocinar los clásicos thai como el paneang nua, laab kai o el tom yam koong. Miles de estudiantes pasan cada año por sus clases, impulsando el llamado soft power tailandés, que atrae a millones de turistas deseosos de descubrir su fantástica cocina.
Bruselas, Londres, Copenague, Lyon o Moscú son solo algunas de las ciudades por las que Blue Elephant se ha expandido. En el menú, Nooror juega con sus afamados curries, ensaladas de frutas locales de mango y pomelo, arroces jazmín con hierbas y leche de coco, cangrejos y gambas conviven con pato, pollo y un sinfín de platos seductores y exuberantes de sabor.


A la pregunta de a qué sabe la cocina tailandesa, Nooror no duda en hablar rápidamente sobre sus propiedades saludables. “En la pandemia, estuve 3 meses en Puckett y cadia día el servicio me cocinaba platos pensando en mi salud. Un día tuve que ir al médico porque me picó un mosquito y mi presión sanguínea era baja y el médico me dijo que por suerte, tenía mucha protección en mi organismo por mi alimentación”
Tal vez sea la dieta tailandesa la que ayude a Nooror a levantarse a diario a las siete de la mañana y aguantar en pie hasta medianoche. Insiste en que “la cocina hay que hacerla con amor” y “sobre todo pensando en las jóvenes generaciones”, esas que hoy habitan una Bangkok en ebullición, convertida en el nuevo place to be de Asia. Tanto es así que Nooror no duda en reconocer que es la ciudad que más retos le ha presentado como cocinera. “Aquí en Bangkok, consigues lo que sueñas. Todo es posible”, resume. Y sin embargo, en medio de ese impulso, su cocina sigue anclada en lo esencial, recordando que incluso en una ciudad que no deja de moverse, todo empieza en la tradición.








