A casi mil metros de altitud, en una esquina poco conocida de la provincia, la tempranillo crece entre inviernos largos, noches frías y suelos cubiertos de cantos rodados. El 12 de septiembre, la Fiesta de la Vendimia volverá a poner nombre y rostro a los vinos de la DOP Valtiendas.
Hay lugares a los que uno llega sabiendo exactamente qué va a pedir. En Segovia ocurre con frecuencia. El cochinillo, el lechazo y los judiones aparecen casi de inmediato en cualquier conversación sobre la provincia. Han alcanzado una fama merecida, aunque también han terminado por tapar otros productos que crecen y se elaboran a pocos kilómetros de esos hornos centenarios.
El vino es uno de ellos
Para encontrarlo hay que mirar hacia el norte, en dirección a los páramos del Duratón. Allí se encuentra Valtiendas, un pequeño municipio que ha dado nombre a la única denominación de origen de vino asentada íntegramente en la provincia de Segovia.
No se trata de una zona de grandes producciones ni de bodegas monumentales. Su verdadero atractivo está en otro lugar: en la altitud de sus viñas, en el clima poco amable y en el empeño de unos cuantos viticultores por conservar un paisaje que, sin ellos, probablemente sería distinto.
Viñas al límite
En Valtiendas, buena parte de los viñedos crece entre los 900 y los 1.000 metros sobre el nivel del mar. A esa altura, la vid no lo tiene fácil. Los inviernos se alargan, las heladas pueden aparecer cuando menos conviene y la diferencia de temperatura entre el día y la noche obliga a la uva a madurar despacio. Los suelos tampoco son especialmente generosos. Hay arcilla y abundan los cantos rodados, esas piedras que durante el día almacenan el calor del sol y lo devuelven cuando cae la noche. El agua drena con facilidad y las raíces tienen que buscarse la vida para encontrar alimento.
Todo eso, que sobre el terreno puede parecer una sucesión de dificultades, acaba definiendo los vinos. La maduración lenta ayuda a conservar la acidez y da lugar a tintos con fruta, frescura y una intensidad muy ligada al paisaje del que proceden.
La tempranillo es la gran protagonista. Aquí se la ha conocido tradicionalmente como tinta del país y con ella se elaboran principalmente tintos y rosados. Hay vinos jóvenes, otros con paso por madera y elaboraciones amparadas bajo las menciones roble, crianza, reserva y gran reserva.

Valtiendas está muy cerca de la Ribera del Duero y comparte con ella parte de su geografía. La comparación parece inevitable, aunque quizá no sea la más justa. Esta pequeña denominación no necesita convertirse en una prolongación de su vecina. Tiene suficiente personalidad para contar su propia historia.
Seis maneras de interpretar el mismo territorio
La denominación reúne proyectos de dimensiones contenidas, muchos de ellos nacidos alrededor de viñedos familiares. Son bodegas que trabajan con una producción limitada y que, cuando salen fuera de Segovia, todavía tienen que comenzar explicando dónde está Valtiendas.
El próximo 12 de septiembre se podrán conocer seis de ellas en la XVIII Fiesta de la Vendimia: Valmenia, González Fischer, Navaltallar, Pago El Almendro, José Galindo Winegrower y Malacepa. Todas pertenecen a la DOP y forman parte de la marca Alimentos de Segovia.
Comparten territorio y variedad principal, pero no una única forma de entender el vino. Cada proyecto ha ido buscando su camino, desde elaboraciones que miran hacia la tradición hasta otras más personales, centradas en determinadas parcelas o en pequeñas partidas.
En Bodegas Valmenia, por ejemplo, las viñas se encuentran a unos 950 metros de altitud, sobre terrenos arcillosos cubiertos de cantos rodados. Es una buena imagen para entender la zona: cepas rodeadas de piedra, expuestas al frío y obligadas a responder cada año a condiciones exigentes.
Aquí no tendría demasiado sentido intentar competir por volumen. El valor se encuentra precisamente en lo que no puede multiplicarse con facilidad: el lugar, las parcelas y el trabajo de quienes todavía conocen cada viña por su nombre.
La vendimia sale a la plaza
La Fiesta de la Vendimia de Valtiendas no pretende reproducir una feria profesional del vino. Su ambiente es más cercano. Durante unas horas, las bodegas salen a la calle, los vecinos recuperan antiguos gestos y el visitante puede probar los vinos sin separarlos de su lugar de origen.
La celebración comenzará en la plaza de San Isidro y contará con una degustación libre de vinos de la denominación. Alrededor del mediodía tendrá lugar el pregón, que este año correrá a cargo de Pablo Martín, presidente de honor de la Unión Española de Sumilleres; Alfredo Maestro, viticultor y enólogo, y Custodio López Zamarra, exsumiller de Zalacaín y Premio Nacional de Gastronomía.
Después llegará uno de los momentos más esperados: la pisada de las uvas para obtener el primer mosto de la cosecha de 2026. Puede parecer un gesto simbólico, la vendimia actual poco tiene que ver con aquellos métodos, pero conserva algo importante. Por un momento, el vino vuelve a explicarse desde su origen y no desde una botella terminada.

Por la tarde habrá una cata comentada de cinco vinos y una visita a los viñedos de la zona. Serán los propios viticultores quienes expliquen las peculiaridades de sus parcelas, las prácticas que emplean y el estado de la nueva añada. El recorrido concluirá con una cata de uvas y dos vinos de la denominación.
Es probablemente la parte más interesante del programa. Probar un vino después de haber pisado la tierra donde nace permite entenderlo de otra forma. La altitud deja de ser un dato escrito en una ficha y el canto rodado ya no es una expresión repetida durante una cata: está allí, bajo los pies.
Vino, judiones y producto segoviano
La jornada tendrá también un marcado acento gastronómico. La Fiesta de la Vendimia será la quinta parada de la Caravana de Alimentos de Segovia, una iniciativa de la Diputación que durante el año recorre distintos municipios de la provincia.
En Valtiendas participarán diecinueve productores. Además de las seis bodegas, estarán presentes queserías, obradores, panaderías, productores de embutidos y cervezas artesanas. Nombres como La Dula de las Mesetas, Moncedillo, Bendito Nanno, Merche’s Galletas, La Manitas de Sacramenia, Ibéricos de Vegaseca, Quesos El Molinero, Pan Colectivo, Cervezas SanFrutos o La Cruz de Hierro permitirán descubrir una despensa segoviana bastante más amplia de lo que suele imaginarse.

A las dos y media de la tarde se servirá una comida popular de judiones de La Granja con oreja y chorizo. No parece necesario buscar un maridaje excesivamente complicado. En una fiesta como esta, el vino de la zona encuentra su sitio junto a uno de los platos más reconocibles de la provincia.
Habrá también música, venta directa y conversaciones con los productores. Esa cercanía importa. Para muchas pequeñas empresas, estas citas suponen la oportunidad de encontrarse con el consumidor sin intermediarios, explicar cómo trabajan y conseguir que alguien recuerde su nombre después de probar el producto.
Una escapada que merece alargar el camino
Valtiendas puede convertirse en el punto de partida de un recorrido por esta parte de Segovia. Muy cerca se encuentran Sacramenia, Sepúlveda y las Hoces del río Duratón, uno de los paisajes naturales más impresionantes de la provincia.
El vino ofrece una excusa perfecta para alejarse de las rutas más transitadas. Permite entrar en una bodega pequeña, caminar entre viñas y sentarse después ante un plato de cocina castellana. No hace falta llenar el día de visitas. Aquí el viaje se entiende mejor con tiempo.
Esa puede ser también una de las claves del futuro de Valtiendas. Más que aspirar a producir mucho, la denominación tiene la posibilidad de atraer a quienes buscan vinos con una procedencia clara y territorios que todavía no se han convertido en destinos multitudinarios.
Segovia continuará asociada al aroma de sus hornos y al sonido de un plato rompiendo la piel crujiente de un cochinillo. Es parte de su identidad y nadie pretende discutirlo. Pero unos kilómetros más al norte, entre páramos, piedras y viñas, la provincia guarda otra historia.








