Hay proyectos que nacen para vender un producto y otros que terminan explicando un territorio. En el mundo del vino ocurre cada vez con más frecuencia. Las bodegas ya no compiten únicamente por elaborar grandes referencias; también buscan transmitir una forma de entender el paisaje, la cultura y el lugar del que proceden.
La Rioja lleva años demostrando que esa evolución va mucho más allá del enoturismo tradicional. A las visitas entre barricas o las catas comentadas se han sumado propuestas donde el arte contemporáneo, el diseño y la arquitectura adquieren un protagonismo inesperado. El visitante no solo descubre un vino: descubre el entorno en el que nace.
Uno de los mejores ejemplos ha vuelto a encontrarse este verano en Concéntrico, el Festival Internacional de Arquitectura y Diseño de Logroño, cuya relación con el paisaje vitivinícola continúa creciendo edición tras edición.
El viñedo como espacio para mirar de otra manera
Durante mucho tiempo el viñedo fue únicamente el lugar donde comenzaba el trabajo del vino. Hoy también se ha convertido en un escenario para la cultura.
La intervención de este año desarrollada por el estudio BEAR en Viña Lanciano responde precisamente a esa idea. No pretende competir con el paisaje ni convertirse en un gran icono arquitectónico. Todo lo contrario: propone una intervención discreta que invita a detenerse, observar el terreno y comprender cómo el paso del río ha ido modelando durante siglos este rincón de La Rioja. Es una forma diferente de acercarse al territorio. No desde la espectacularidad, sino desde la contemplación.
Cuando la etiqueta deja de ser solo una etiqueta
Cada vez es más habitual que las bodegas aprovechen colaboraciones culturales para lanzar series especiales de algunos de sus vinos. Son ediciones limitadas que, más allá del contenido de la botella, buscan conservar el recuerdo de un momento concreto.
Ese es el caso de LAN D-12 Edición Limitada, una referencia creada en torno a Concéntrico que incorpora distintas imágenes de instalaciones realizadas en anteriores ediciones del festival y que convierte el diseño en parte de la propia identidad del vino.
No cambia únicamente la presentación. También cambia el mensaje: la botella deja de ser un simple envase para transformarse en un pequeño objeto de colección vinculado a una experiencia cultural.
Un Rioja pensado para la mesa
Más allá de su edición especial, el vino mantiene el estilo que ha caracterizado históricamente a esta referencia de la bodega riojana.
La añada 2022 ofrece un perfil clásico dentro de los tintos de Rioja modernos. En nariz aparecen frutas rojas maduras acompañadas de recuerdos de vainilla, cacao y canela procedentes de la crianza, mientras que en boca destaca por su equilibrio, unos taninos bien integrados y un final donde asoman ligeras notas de regaliz.
Es un vino que puede desenvolverse con facilidad junto a carnes rojas, platos de cuchara, caza o quesos curados, aunque también resulta una opción interesante para propuestas gastronómicas actuales donde la cocina busca más elegancia que potencia.
Una tendencia que sigue creciendo
Hace apenas unos años parecía extraño que un festival de arquitectura y una bodega compartieran proyecto. Hoy sucede justo lo contrario: estas colaboraciones empiezan a formar parte de la identidad de muchas regiones vitivinícolas.
El vino ha dejado de comunicarse únicamente desde la tradición. También lo hace a través del diseño, del paisaje, de la fotografía o de la arquitectura. Y probablemente ese sea uno de los grandes cambios que está viviendo el sector: comprender que una copa puede hablar tanto de quien la elabora como del territorio, la cultura y las personas que hay detrás.
Quizá por eso algunas botellas terminan recordándose mucho después de haberlas abierto.






