Llega el momento de volver a los puestos de castañas y a las bolsas que se abren camino calientes entre las manos. Elegir buenos frutos y hacerles un corte antes de cocinarlos son dos pasos sencillos que ayudan a disfrutar de todo su sabor.
Hay un momento en el otoño que siempre llega: el olor de las castañas asadas. En la calle se comen calientes, casi siempre recién hechas, en casa pueden convertirse en una merienda o en el ingrediente de una crema, un guiso o un postre.
Pero ¿cómo elegirlas en el mercado? ¿Y cómo conseguir que queden tiernas y se pelen de una forma sencilla?
Cómo elegir castañas
Al comprarlas, conviene fijarse en que tengan la piel brillante y estén firmes al tacto. Si parecen muy arrugadas, están dañadas o resultan sospechosamente ligeras para su tamaño, pueden haberse secado. Mejor escogerlas de tamaño parecido para que se cocinen de manera más uniforme.
La castaña tiene dos pieles: la exterior, dura y brillante, y otra más fina que queda pegada al fruto. Para comerlas asadas, ambas se retiran, el pequeño corte que se hace antes de cocinarlas ayuda a abrir la cáscara y facilita después el pelado.

El corte que no conviene saltarse
Antes de asarlas, haz un corte en la piel de cada castaña. Puede ser una incisión en la parte abombada o un corte transversal, siempre con cuidado y usando un cuchillo firme. Este paso permite que salga el vapor durante la cocción y evita que la piel se abra de forma descontrolada. No las metas enteras al horno o a la sartén: el corte es una precaución sencilla que conviene recordar también si se cocinan en el microondas.
Cómo asar castañas en el horno
- Precalienta el horno a 200 °C.
- Lava las castañas y sécalas bien.
- Haz un corte en cada una.
- Colócalas en una bandeja, sin amontonarlas, y hornéalas entre 20 y 30 minutos, según el tamaño.
- Comprueba si están tiernas y la piel se ha abierto. Déjalas reposar unos minutos antes de pelarlas.
El tiempo puede variar de un horno a otro y según el tamaño de los frutos, así que es mejor vigilarlas al final. Para que la piel se retire con más facilidad, pélalas todavía templadas.
En sartén, como en el puesto
También se pueden asar en una sartén castañera, de las que tienen agujeros, o en una sartén corriente con tapa. Haz antes el corte y muévelas de vez en cuando para que el calor llegue a todos los lados. Suelen tardar alrededor de 20 minutos, aunque el tiempo depende del fuego y del tamaño de las castañas. En cuanto estén tiernas, retíralas y sírvelas calientes.
¿Cómo conservarlas?
En casa, guárdalas en un lugar fresco y ventilado, evitando dejarlas mucho tiempo dentro de una bolsa cerrada. Si has comprado más de las que vas a consumir enseguida, revisa que no haya ninguna dañada y retira las que empiecen a deteriorarse.
Una castaña con lugar propio en la despensa gallega
La castaña forma parte de muchas celebraciones otoñales en España: el magosto en Galicia, la castanyada en Cataluña, el amagüestu en Asturias o la magosta en Cantabria, entre otras. Las costumbres cambian de una región a otra, pero el fruto aparece cada año cuando bajan las temperaturas.
En Galicia, además, la Castaña de Galicia cuenta con una Indicación Geográfica Protegida. Su zona de producción abarca buena parte del territorio gallego, y el producto protegido debe cumplir las condiciones recogidas en su pliego. En el mercado, el sello identificativo de la IGP permite reconocer las castañas comercializadas bajo esa denominación.
Asadas y comidas recién hechas, las castañas apenas necesitan acompañamiento. También pueden incorporarse a recetas de otoño: en una crema, como guarnición o en preparaciones dulces. Pero el primer bocado suele ser el mismo: todavía caliente, con las manos ocupadas en retirar la piel y el otoño ya sentado a la mesa.








